Un fenómeno preocupante: el consumo de alcohol entre adolescentes en Sucre
El consumo de alcohol en la población adolescente de Sucre ha escalado a niveles alarmantes, convirtiéndose en una de las principales preocupaciones en el ámbito de la salud pública. Este problema se ha dejado de ver como un hecho aislado y se ha vuelto un tema crítico, especialmente a medida que los jóvenes comienzan a […]

El consumo de alcohol en la población adolescente de Sucre ha escalado a niveles alarmantes, convirtiéndose en una de las principales preocupaciones en el ámbito de la salud pública. Este problema se ha dejado de ver como un hecho aislado y se ha vuelto un tema crítico, especialmente a medida que los jóvenes comienzan a tener contacto con las bebidas alcohólicas a edades cada vez más tempranas. La permisividad en el hogar, la presión social y la normalización del consumo contribuyen a esta situación que puede conducir al alcoholismo, una de las enfermedades más devastadoras.
Detrás de la aparente diversión de las fiestas se oculta un grave riesgo que compromete el desarrollo físico, emocional y neurológico de los adolescentes. Se estima que los jóvenes inician su contacto con el alcohol desde los 12 años, una etapa en la que su cerebro aún está en crecimiento, lo que aumenta la vulnerabilidad ante esta problemática.
Investigaciones realizadas por la Alcaldía de Sucre y el Instituto Politécnico Tomás Katari (IPTK) apuntan a que entre el 46% y el 50% de los adolescentes de 12 a 18 años consumen alcohol de forma habitual. Esto representa un aumento aproximado del 10% en el uso de sustancias tras los confinamientos por la pandemia. En este contexto, la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (USFX) ha identificado razones como la búsqueda de aceptación social, el deseo de olvidar problemas familiares y la presión de grupo como factores que incitan a los jóvenes a beber.
La proliferación de fiestas clandestinas en Sucre, organizadas a través de redes sociales, agrava aún más la situación. En estos eventos, los menores tienen acceso a bebidas adulteradas de bajo costo, lo que se realiza sin ningún tipo de control. Además, la normalización del consumo de alcohol dentro de las festividades familiares y culturales juega un papel importante en esta problemática, ya que se percibe como algo común y aceptado.
Las consecuencias del consumo de alcohol son diversas y preocupantes. Los estudios demuestran una relación directa entre el consumo de alcohol y el bajo rendimiento escolar, así como el abandono de estudios. Adicionalmente, el impacto en la salud mental y física de los jóvenes es notable, ya que se asocia con problemas de memoria, aprendizaje, ansiedad y depresión. Asimismo, los riesgos sociales incluyen embarazos no deseados y actos de violencia, lo que pone en jaque a toda una generación.
El alcoholismo, considerado como una enfermedad crónica del cerebro, se origina por una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. En Bolivia, el problema es aún más grave, con estudios que indican que seis de cada diez estudiantes de secundaria han experimentado con el alcohol hasta llegar a la embriaguez. La prevención debe ser un tema de política pública, que contemple estrategias como la regulación del precio de las bebidas alcohólicas, restricciones en su disponibilidad y programas educativos que fortalezcan la autoestima de los jóvenes para resistir la presión social.