sábado 12 de septiembre de 2026

Cultura

La Fascinante Historia de la Electricidad en Bolivia

Una reciente exploración a las hidroeléctricas del país revela el apasionante pasado del suministro de energía, desde sus inicios hasta su impacto en la vida cotidiana de los bolivianos.

Por Beatriz Soliz · 14 de agosto de 2026

Realizar una investigación para la Sociedad de Ingenieros de Bolivia (SIB) me permitió cumplir un anhelo de infancia: descubrir quién se encarga de encender y apagar las luces que iluminan nuestras vidas. En un acceso privilegiado, visité las catorce hidroeléctricas de la Compañía Boliviana de Energía Eléctrica.

La luz ha sido, desde tiempos inmemoriales, un símbolo de maravilla y temor. En nuestra niñez, la forma en que se encendían las luminarias era un espectáculo mágico, que acompañaba las historias que narraban nuestros mayores en las noches. Recuerdo con nostalgia cómo, desde mi ventana, esperaba el momento en que las luces comenzaban a brillar, preguntándome quién era el encargado de ese gesto cotidiano, sin darme cuenta de que todo era controlado a distancia.

Rememorando la década de los sesenta, las interrupciones del servicio eléctrico eran comunes, y las cenas se realizaban a la luz de candelabros. Mi hermano solía jugar a ser un científico, buscando chispas en mi cabello electrificado, mientras escuchábamos historias en la radio de transistores, en particular las narraciones de Alí y Baba. Ese momento de la noche era mágico, pero también aterrador, especialmente cuando el locutor instaba a apagar las luces, llenando nuestro hogar de relatos escalofriantes.

Con el tiempo, la disponibilidad de electricidad se fue expandiendo, alcanzando nuevos barrios y elevándose a las laderas más remotas. La electricidad pasó a ser un símbolo de modernización y comodidad, superando el simple placer de jugar a las escondidas en la oscuridad. La llegada de servicios básicos como la electricidad, el acceso a hornillas y enchufes se convirtió en un aspecto prioritario para el desarrollo de la vida cotidiana.

En La Paz, como en otras ciudades de Bolivia, el inicio del alumbrado eléctrico fue obra de ciudadanos visionarios que, desde las antorchas coloniales hasta los primeros generadores de la familia Velasco, impulsaron el desarrollo de la electricidad. Este espíritu emprendedor convirtió a La Paz en la tercera ciudad sudamericana en contar con un servicio de alumbrado público.

A medida que los esfuerzos de particulares se consolidaron, se forjaron emprendimientos empresariales, destacando la labor de Lucio Pérez Velasco y su compañía francesa. Con el tiempo, su legado se trasladó a la Bolivian Rubber & General Enterprise, que logró un contrato con la alcaldía en 1908 para proveer de electricidad a la ciudad, construyendo obras fundamentales como el dique en Milluni.

La misión Thompson fomentó la producción de energía hídrica en áreas como Choquetanga y el valle de Zongo, con la participación de ingenieros bolivianos que contribuyeron al desarrollo del sector. En este contexto, Zongo se estableció como un símbolo de la energía en La Paz, y en mi visita pude apreciar la transformación de la infraestructura y los servicios en el último siglo.

La modernización ha llevado a la automatización de muchos procesos, pero los desafíos persisten. La Compañía Boliviana de Energía Eléctrica, en colaboración con ENDE, ha trabajado para establecer un Sistema Interconectado Nacional (SIN) que permita llevar electricidad a casi todo el país. Sin embargo, las previsiones de apagones generan temor, reflejando una realidad donde la población siente la incertidumbre de un futuro energético comprometido.

Es fundamental que las autoridades presten atención a las advertencias de los expertos, ya que el futuro de la energía en Bolivia no debería ser visto como un simple negocio, sino como una necesidad vital para el desarrollo y la estabilidad del país.