sábado 12 de septiembre de 2026

Economía

El desafío de la reforma energética en Bolivia: el token como alternativa

Frente a la crisis que atraviesa el sector energético, se plantea la necesidad de una reforma integral que permita un manejo más efectivo de los subsidios y precios de los combustibles en el país.

Por Lourdes Caballero · 30 de agosto de 2026

Bolivia enfrenta una crisis energética compleja que requiere una reforma completa en los sectores de hidrocarburos y electricidad. Esto implica establecer nuevas regulaciones, fomentar la inversión, diversificar las fuentes de energía y redefinir el rol del Estado. Sin embargo, antes de implementar estos cambios, el país necesita abordar de manera urgente dos problemas: la escasez de diésel y gasolina, y la insostenibilidad de las subvenciones.

Para enfrentar la situación, se sugiere eliminar las subvenciones generalizadas, permitiendo que los precios se ajusten conforme a los costos reales del mercado. El desafío radica en implementar esta medida sin afectar drásticamente a los consumidores, por lo que se propone la idea de un token energético como solución intermedia.

Este token no es un bien negociable, sino un derecho individual que proporciona a los beneficiarios una cantidad específica de energía subsidiada cada mes. Al igual que los gigas de un plan de telefonía, los usuarios recibirán un saldo que les permitirá consumir energía con subsidio hasta agotar su límite. Una vez terminado ese saldo, podrán seguir consumiendo, pero al precio del mercado.

Beneficios y control de consumo

El sistema de token tiene la ventaja de ajustarse a las necesidades de los usuarios. Por ejemplo, un taxista podría recibir más unidades subsidiadas que un propietario de un vehículo particular, ya que su actividad requiere mayor consumo. Además, se busca controlar el consumo evitando el abuso de los subsidios al vincularlos directamente a la actividad económica del beneficiario.

Otro aspecto importante de esta propuesta es la posibilidad de reducir el contrabando y los mercados negros. Al establecer un sistema de trazabilidad que vincule el consumo subsidiado a la identidad del usuario, se minimizan las oportunidades de reventa de combustibles. Asimismo, el saldo no utilizado podría redirigirse a otros servicios como electricidad o agua, aumentando su eficiencia.

La clave de esta propuesta radica en fijar un subsidio específico por unidad, en lugar de establecer un precio interno que varíe. Esto permite al Estado tener un mejor control sobre sus gastos y ajustarlos de manera gradual sin recurrir a incrementos abruptos en los precios de los combustibles, lo que tradicionalmente ha desencadenado protestas sociales.

Finalmente, el token podría facilitar la transición hacia fuentes de energía más sostenibles, al ofrecer un incentivo para que los usuarios opten por tecnologías más limpias. Así, el subsidio no solo se enfocaría en combustibles importados, sino que favorecería el uso de energías nacionales más eficientes. Para que este sistema funcione, es vital contar con una infraestructura de control sólida que permita una correcta medición del consumo y la trazabilidad de los recursos.

En conclusión, la propuesta de implementar un token energético busca transformar el actual sistema de subsidios en uno más transparente y eficiente. Es hora de abrir el debate sobre esta alternativa, que podría equilibrar el apoyo a los sectores más vulnerables y la necesidad de sanear las finanzas del Estado.