sábado 12 de septiembre de 2026

Sociedad

Desaguadero: un paso fronterizo en crisis

El cruce legal por Desaguadero se ha vuelto un desafío, con largas esperas y escasa atención en la parte boliviana, mientras que del lado peruano la situación es diferente.

Por Martín Carrasco · 3 de agosto de 2026

Cruzar la frontera en Desaguadero se ha convertido en una experiencia insoportable para los viajeros. En la actualidad, quienes buscan pasar legalmente entre Bolivia y Perú deben enfrentar colas que pueden extenderse por más de tres horas bajo las adversas condiciones climáticas del altiplano, además de esquivar una gran cantidad de camiones de carga pesada.

A diferencia de la fluida y gratuita atención en las oficinas peruanas, las ventanillas de la Dirección General de Migración de Bolivia se encuentran desbordadas. Usuarios han expresado su descontento debido a la escasez de personal, ya que en momentos de alta demanda, solo dos funcionarios se encuentran disponibles para atender a cientos de pasajeros, lo que genera un ambiente de frustración.

En respuesta a esta problemática, se intentó establecer un diálogo con Eddy Alfredo Ordóñez Caba, director general ejecutivo de Migración, a través de una solicitud de entrevista y un cuestionario que abarcaba ocho preguntas sobre la situación actual y los planes para el futuro. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, no se recibió respuesta, lo que deja en evidencia la falta de comunicación con los usuarios.

Los informes sobre el presupuesto del Estado para la gestión 2026 revelan una alarmante desigualdad en la asignación de recursos. La Dirección General de Migración tiene un presupuesto total de 94.650.316 bolivianos, de los cuales solo 6.911.937 bolivianos, es decir, el 7,3%, están destinados a la Unidad de Control Migratorio y Arraigos (UCMA), que es la encargada de proporcionar el personal y los recursos necesarios en las fronteras. El resto del presupuesto se destina a gastos administrativos.

Esta limitada asignación de recursos en los puntos fronterizos como Desaguadero, donde se estima que transitan entre 1.500 y 3.000 personas en días comunes, y el número se duplica durante las ferias binacionales, explica la falta de atención adecuada. Las largas esperas no solo generan malestar entre los ciudadanos, sino que también llevan a algunos a optar por vías irregulares.

A solo unos metros del control oficial, el tránsito ilegal en embarcaciones a través del río Desaguadero se ha vuelto común, permitiendo que miles de personas crucen sin ningún tipo de control. Esta situación representa un riesgo, no solo para la seguridad de los migrantes, sino también para la integridad del sistema migratorio del país.

Según informes de la Defensoría del Pueblo de Bolivia, Desaguadero es uno de los seis puntos críticos identificados, que enfrenta graves demoras y escasez de personal tanto en el ámbito migratorio como en la atención a la salud. Estas deficiencias no solo afectan a los migrantes, sino que también obstaculizan el potencial turístico del país, ya que muchos viajeros extranjeros, cansados de esperar, eligen dirigirse a otras naciones ante la frustrante experiencia en la frontera.