Caminos hacia la cohesión social tras el conflicto
La reciente agitación social en Bolivia ha dejado secuelas profundas, que requieren un diálogo efectivo para sanar y reconstruir relaciones. Expertos analizan la situación y proponen acciones para evitar futuras confrontaciones.

Las secuelas de los más de 50 días de bloqueos en Bolivia, que ocurrieron entre mayo y junio, aún resuenan en la vida diaria de muchas familias. Este conflicto ha tenido repercusiones serias en áreas como la salud, el transporte, el abastecimiento y la economía, resultando en 22 muertes, según la Defensoría del Pueblo, la mayoría de ellas de personas no involucradas directamente en las protestas.
La crisis ha dejado a la economía nacional en una situación frágil, provocando que muchas familias se vean incapaces de enfrentar nuevas adversidades. La Fundación Jubileo, a través de su director Juan Carlos Núñez y la mediadora Gabriela Ugarte, destaca la urgencia de establecer diálogos y un sentido de corresponsabilidad entre la ciudadanía para prevenir que las diferencias sociales se conviertan en conflictos abiertos.
Impacto en la economía y en la población
Los datos de la Encuesta de Hogares 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan que el 44,7% de la población boliviana vive en pobreza por ingresos, mientras que un 16,7% se encuentra en pobreza extrema. Esta situación resalta la vulnerabilidad de la clase media, que, aunque no se encuentra por debajo de la línea de pobreza, está expuesta a problemas económicos como la subida de precios y la pérdida de empleo.
El costo de vida ha aumentado significativamente, afectando la capacidad de las familias para cubrir necesidades básicas. En el ámbito laboral, se observa una alarmante migración de jóvenes bolivianos, ya que en el primer semestre de 2026, Chile otorgó 84.717 permisos laborales a ciudadanos bolivianos, lo que representa cerca del 70% del total de permisos concedidos a extranjeros.
Núñez enfatiza que los efectos de la crisis no son solo la pérdida de empleos, que según el Gobierno asciende a 200.000, sino también la quiebra de pequeños negocios y economías familiares que han sufrido gravemente.
La necesidad de un diálogo estructurado
Gabriela Ugarte señala que es crucial entender el diálogo como un proceso continuo y no como una mera reunión ante una crisis. Propone trabajar en las "4C": convicción, conexión, condiciones y capacitación, para preparar un ambiente propicio que facilite acuerdos entre partes en conflicto.
Asimismo, Ugarte sugiere que, en situaciones de violencia, se debe abordar la "3R": reconciliación, reconstrucción de relaciones y renovación de la cohesión social, para restaurar la paz y la confianza después de un conflicto.
A largo plazo, es esencial que el diálogo incluya a las nuevas generaciones, quienes son las más afectadas por las decisiones actuales. Se debe buscar que todos los sectores, incluidos aquellos que no están directamente involucrados en conflictos, participen de manera equitativa en la mesa de diálogo.
Finalmente, a juicio de Núñez, la crisis debe ser enfrentada de manera colectiva. Esto incluye a la política, las organizaciones sociales y la ciudadanía, todos desempeñando un rol en la búsqueda de soluciones. Aprender de la experiencia de los bloqueos es clave para evitar futuras crisis y fomentar un entorno donde las diferencias puedan ser gestionadas pacíficamente.