La internacionalización universitaria como clave para el desarrollo profesional
La internacionalización en las universidades va más allá de los intercambios cortos; incluye diversas modalidades que enriquecen la formación y mejoran las perspectivas laborales de los estudiantes.

La internacionalización en el ámbito académico ha evolucionado, dejando atrás el concepto limitado de estudiar solo un semestre en el extranjero. Actualmente, abarca aspectos como la obtención de títulos dobles, clases espejo, aulas COIL, masterclass y proyectos colaborativos, todos orientados a diversificar el aprendizaje y la resolución de problemas. Estas experiencias, integradas adecuadamente en el currículo, pueden contribuir a mejorar la adaptabilidad, la comunicación intercultural y las redes profesionales, además de ofrecer una visión más global de la carrera elegida.
La Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) se destaca en esta área, combinando movilidad física y experiencias internacionales desde el aula. En junio de 2026, la universidad anunció que cuenta con más de 51 convenios internacionales que facilitan el intercambio de estudiantes y docentes a nivel mundial. Esta cifra puede variar según la forma en que se contabilicen las alianzas.
El trabajo en favor de la internacionalización hace de Unifranz un referente de promoción del desarrollo humano, científico y tecnológico para el bienestar de la sociedad, sin perder de vista la sostenibilidad.
La internacionalización no solo amplía la formación académica al exponer a los estudiantes a diferentes sistemas educativos y culturas, sino que también fortalece competencias necesarias para el mercado laboral. Sin embargo, es importante señalar que su efectividad en la empleabilidad depende de la calidad de las experiencias vividas, el campo profesional y las condiciones del mercado laboral en el momento de graduarse.
Desde la perspectiva de la UNESCO IESALC, la internacionalización es un proceso integral que debe incluir enfoques globales e interculturales en todos los programas académicos y de investigación. Esto implica que, si bien el desplazamiento físico es beneficioso, no es el único método para lograr una educación internacionalizada.
La movilidad estudiantil exige a los alumnos contrastar su aprendizaje con diferentes contextos, lo que transforma las dinámicas de enseñanza y la interacción en el aula. La OCDE ha señalado en 2026 que esta movilidad es esencial en los sistemas de educación superior y tiene un impacto creciente en la vinculación entre los estudios y el acceso al empleo.
Alejandra Guzmán, encargada de Movilidad Estudiantil en Unifranz Cochabamba, resalta que estas oportunidades permiten a los estudiantes entender "cómo funcionan otros contextos", abriendo la puerta a realidades educativas y culturales distintas.
Por su parte, Roberto Pérez Suárez, quien estudia Publicidad y Marketing en Unifranz, compartió su experiencia de intercambio en la Universidad Iberoamericana de Puebla, México. Durante su estancia, no solo tomó clases, sino que también tuvo la oportunidad de visitar empresas del sector, lo que le brindó una nueva perspectiva sobre la creación de estrategias de mercado diferentes a las que se practican en Bolivia.
La implementación de la internacionalización en casa se presenta como una alternativa viable, permitiendo que los estudiantes accedan a experiencias globales sin la necesidad de viajar. Herramientas como clases espejo, aulas COIL y masterclass ofrecen la posibilidad de colaboración virtual entre estudiantes y docentes de distintos países.
La modalidad de doble titulación también es un aspecto crucial, ya que permite a los estudiantes obtener credenciales de dos instituciones al completar un programa conjunto. Un caso destacado es el acuerdo entre Unifranz y la Universidad de Investigación y Desarrollo (UDI) de Colombia en las áreas de Ingeniería Comercial y Administración de Empresas.
José Manuel Pereira Vargas, quien finalizó su carrera en Bucaramanga, obtuvo títulos de ambas universidades, lo que le ha brindado una ventaja competitiva en el mercado laboral, tanto en Bolivia como en Colombia.
Si bien la evidencia sugiere que la internacionalización puede tener un efecto positivo en la empleabilidad, es importante recordar que no se debe considerar como una garantía automática de trabajo. Un estudio de impacto del programa Erasmus, por ejemplo, mostró que los participantes tenían un 23% menos de probabilidad de estar desempleados cinco años después de graduarse en comparación con quienes no tuvieron una experiencia internacional.
María José Rodríguez, otra estudiante de Unifranz, inició su intercambio en la Universidad de Boyacá, Colombia, donde pudo acceder a nuevas tecnologías y enfoques prácticos en su campo de Bioquímica y Farmacia. Su satisfacción con la experiencia resalta la importancia de las relaciones internacionales en el desarrollo profesional.
Al final, la internacionalización no se trata simplemente de acumular viajes o títulos, sino de cómo estas experiencias se integran en la formación del estudiante, ayudándolos a interpretar su profesión de manera más amplia y a relacionarse con diversas culturas.
Para la educación superior, este enfoque se presenta como un reto y una oportunidad en un contexto de transformación digital y globalización del conocimiento, buscando que la internacionalización se convierta en parte primordial de la enseñanza y la investigación, en lugar de ser considerada una actividad aislada.
La experiencia internacional tiene un valor significativo, no solo por el país que se visita, sino por el aprendizaje que se trae de regreso a Bolivia, enriqueciendo así las competencias del estudiante y su capacidad para adaptarse a diferentes entornos académicos y laborales.