sábado 12 de septiembre de 2026

Política

Desafíos en la gestión económica del gobierno boliviano

La reciente disolución del Ministerio de Planificación genera inquietudes sobre la dirección económica del país, tras dos décadas de desinstitucionalización.

Por Fernando Torrico · 20 de agosto de 2026

Bolivia atraviesa una etapa de incertidumbre en su gestión estatal. A 20 años de haber sido desinstitucionalizada, el actual gobierno parece no tener claro su rumbo, lo que preocupa a diversos sectores del país.

La decisión de eliminar el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, una cartera que solía proporcionar guía y contenido económico, podría interpretarse como una pérdida de dirección, dejando al gobierno sin una brújula clara.

El actual enfoque del gobierno parece centrarse en la inyección de recursos financieros como solución a los problemas económicos, siguiendo la tendencia de sus predecesores en el MAS. Se prioriza obtener créditos para financiar subsidios y cubrir déficit, asumiendo que el dinero por sí solo puede reactivar la economía.

Sin embargo, se argumenta que este modelo económico, con rasgos socialistas y estatistas, no es eficaz para generar riqueza. La crítica señala que se limita a redistribuir lo que ya ha sido creado, sin fomentar un crecimiento sostenible.

Es fundamental replantear el enfoque económico del gobierno, apostando por un equipo de profesionales competentes que puedan atraer inversiones y crear empleo. El cambio necesario es radical y debe estar basado en una visión inclusiva del desarrollo.

El regreso a un modelo de planificación similar al del antiguo Ministerio de Planeamiento y Coordinación, que permitió salir de la crisis de 1985, se presenta como una alternativa viable. Este ministerio tuvo un papel crucial en la construcción de un futuro compartido para los bolivianos, basado en el diálogo y la inclusión.

La eliminación del Ministerio de Planificación representa un vacío en la estructura del gobierno que debería promover un crecimiento sostenible y la conservación de los recursos naturales. Sin este espacio de diálogo y consenso, el riesgo de decisiones arbitrarias y verticales se incrementa.

Es crucial que las decisiones económicas se tomen de manera informada y consensuada, utilizando la experiencia y el conocimiento que podría aportar un ministerio enfocado en el desarrollo sostenible y participativo.