martes 27 de octubre de 2026

Tecnología

Desinformación en la era digital: el desafío de distinguir la verdad

La proliferación de deepfakes y noticias falsas plantea interrogantes sobre la autenticidad de lo que consumimos en internet, obligando a una mayor responsabilidad en la verificación de la información.

Por Ronald Ávalos · 26 de octubre de 2026

La creación de audios que simulan la voz de personalidades, videos manipulados y fotografías antiguas presentadas como actuales son ejemplos de cómo la desinformación se ha vuelto una herramienta común en la era digital. A medida que avanza la inteligencia artificial (IA), la producción de contenido engañoso se simplifica, lo que hace que la verificación de la veracidad de la información requiera habilidades de investigación y un criterio agudo por parte de los usuarios.

Bolivia ha sido testigo de situaciones donde la desinformación ha tenido un impacto significativo. En mayo de 2026, durante una ola de protestas y bloqueos, circularon audios falsos que supuestamente pertenecían a autoridades militares y policiales. La Agencia Boliviana de Información (ABI) alertó sobre la difusión de materiales generados por IA que atribuían declaraciones y órdenes que nunca existieron.

La necesidad de discernir entre la verdad y la manipulación

Este fenómeno resalta la importancia de aprender a diferenciar entre información verdadera, contenido alterado y publicaciones que, aunque utilicen imágenes reales, presentan situaciones fuera de contexto. Para profesionales como periodistas, abogados y expertos en tecnología, esta habilidad se ha vuelto imprescindible en su labor diaria.

Los deepfakes, que son representaciones de audio, video o imágenes creadas o alteradas mediante IA, pueden tener diversas finalidades, desde el entretenimiento hasta el fraude y la manipulación de la opinión pública. Este avance tecnológico plantea desafíos serios en la era de las redes sociales, donde la información falsa puede difundirse rápidamente.

“Se ha convertido en uno de los mayores retos de nuestra era. Con la irrupción de las redes sociales y la inteligencia artificial, los contenidos falsos circulan con mayor rapidez y alcance”

Es esencial que las personas se detengan a pensar antes de compartir contenido que genera miedo o urgencia, especialmente aquellos que requieren acción inmediata, mencionan eventos extraordinarios o solicitan información personal y dinero. Aunque los errores visuales pueden ser una señal de alerta, no son pruebas concluyentes de falsedad.

  • Detenerse a analizar publicaciones que exigen acciones precipitadas
  • Considerar la credibilidad de la fuente y el contexto de la información
  • Verificar las imágenes y audios antes de compartir

La verificación de contenido digital implica el uso de varias técnicas y fuentes. Ninguna herramienta automática puede garantizar la veracidad por sí sola, por lo que es fundamental seguir ciertos pasos para minimizar el riesgo de difundir información engañosa. Además, la alfabetización digital se vuelve crucial no solo para los comunicadores, sino también para profesionales en otras áreas que deben evaluar información en línea.

La labor periodística se centra en corroborar los hechos antes de ser difundidos, así como en contextualizar la información y corregir errores cuando sea necesario. La responsabilidad de verificar la autenticidad recae en todos los que forman parte del proceso informativo, desde los periodistas hasta los editores.

En el ámbito tecnológico, los especialistas en sistemas están desarrollando herramientas para identificar cuentas falsas y mejorar la seguridad en línea. En la Universidad Franz Tamayo, se ha creado un Observatorio Digital de Redes Sociales que busca detectar perfiles falsos y patrones de actividad que pueden ser manipulados.

El campo del Derecho también juega un papel importante al establecer criterios sobre la suplantación de identidad y las implicaciones legales de la difusión de información manipulada. La respuesta a la desinformación requiere una combinación de conocimientos técnicos y éticos, así como un respeto firme por los derechos fundamentales.

Finalmente, la inteligencia artificial puede ser utilizada tanto para crear contenido engañoso como para facilitar la investigación y la detección de falsedades. La clave radica en cómo se emplea esta tecnología y en los controles que existen para asegurar la veracidad de la información.

En un contexto donde una publicación puede alcanzar a miles de personas en cuestión de minutos, asumir la responsabilidad de verificar antes de compartir se convierte en un deber tanto ciudadano como profesional. La interrogante ya no es solo si un contenido parece real, sino qué pruebas sustentan su autenticidad, haciendo del pensamiento crítico y la ética herramientas fundamentales en la era digital.