El circo mediático distrae de la grave crisis económica en Bolivia
Mientras el país se encuentra sumido en escándalos y controversias políticas, la economía boliviana enfrenta una profunda crisis que se agrava día a día.

A medida que el país se enreda en situaciones de crónica roja y disputas políticas, la crisis económica y social avanza de manera silenciosa. Los titulares diarios están llenos de escándalos: acusaciones, peleas públicas y cuestiones de moralidad, pero en medio de todo esto, la economía sigue su curso, y no a nuestro favor. De acuerdo con el informe de inflación y política monetaria del Banco Central de Bolivia correspondiente al segundo trimestre de 2026, la situación económica es alarmante.
Bolivia se encuentra actualmente en una triple crisis: una crisis cambiaria, una crisis del modelo de crecimiento y una crisis social. Sin olvidar otros problemas significativos como la crisis ambiental y política. Sin embargo, es esencial centrarse en las crisis económica y social para entender el panorama actual.
La recesión es uno de los indicadores más preocupantes. Bolivia ha estado en recesión durante tres años consecutivos, y para el año 2026 se prevé que la caída del PIB oscile entre el -3,3% y el -3,6%. Esta situación se agrava cuando se compara con la caída del 8,8% durante la pandemia de COVID-19 en 2020, siendo la disminución más severa desde los años 80.
Históricamente, el crecimiento boliviano ha dependido de la renta del gas y el gasto público. Sin embargo, la reducción de la producción de gas y el creciente déficit público han debilitado estos motores. Actualmente, no se observa un modelo alternativo que impulse la inversión privada ni las exportaciones no tradicionales.
La inflación también se ha convertido en un tema crítico. La tasa de inflación cerró 2025 en un 20,4%, la cifra más alta en tres décadas. Para 2026, las proyecciones varían considerablemente, desde un 9% hasta más del 20%, lo que revela la incertidumbre de la situación económica. La inflación impacta de manera regresiva, afectando desproporcionadamente a quienes perciben ingresos en bolivianos y dependen de la compra de alimentos y bienes esenciales.
Otro aspecto alarmante es la situación del empleo. Aunque se reporta una tasa de desempleo baja, esto oculta la realidad de la informalidad laboral en el país. La mayoría de los trabajadores urbanos son informales, lo que significa que la pérdida de un empleo no siempre se traduce en un desempleo registrado. La precariedad laboral ha aumentado, afectando la calidad de los empleos disponibles.
Los ingresos reales han caído drásticamente, con una pérdida de aproximadamente un tercio de su poder adquisitivo desde 2019. Esto significa que, aunque el salario nominal pueda haber aumentado, la capacidad de compra de alimentos y bienes necesarios se ha visto severamente afectada.
El nivel de pobreza también se ha incrementado, alcanzando aproximadamente el 44,7% de la población en 2025. Este porcentaje podría aumentar entre el 46% y el 50% en 2026 si la inflación continúa afectando a la economía. Esto representa entre cinco millones y seis millones de bolivianos viviendo por debajo de la línea de pobreza.