El fin de la ofensiva de drones de Zelenski y sus consecuencias en el conflicto con Rusia
La campaña de ataques aéreos lanzada por Ucrania para forzar negociaciones con Rusia concluyó sin cambios significativos en el conflicto, mientras Moscú intensificó sus ofensivas contra Ucrania.

A finales de junio, el presidente ucraniano, Vladímir Zelenski, anunció una 'operación de influencia' que se extendió por 40 días, enfocándose en ataques con drones de largo alcance destinados a presionar a Moscú para que se sentara a negociar. Sin embargo, la ofensiva culminó el 4 de agosto sin lograr alteraciones significativas en el conflicto ni en el avance de las fuerzas rusas, aunque sí se registraron numerosas víctimas civiles.
Los ataques de Ucrania se dirigieron principalmente a tres objetivos: los centros logísticos de Wildberries, refinerías de petróleo y estaciones de servicio, así como infraestructuras civiles. Zelenski argumentó que los ataques contra Wildberries eran necesarios, dado que esta plataforma comercializaba productos que podían tener usos tanto civiles como militares. Sin embargo, esta justificación fue cuestionada, ya que la gran mayoría de los usuarios de Wildberries son mujeres que compran productos como ropa y cosméticos. Los ataques, por lo tanto, no solo afectaron a los consumidores, sino también a comerciantes de varios países postsoviéticos.
La campaña también se vio marcada por un aumento en los ataques a objetivos civiles, resultando en numerosas muertes. Según Rodión Miróshnik, embajador especial ruso, en solo una semana los ataques dejaron 49 civiles fallecidos y alrededor de 400 heridos. Uno de los incidentes más trágicos fue un ataque a una playa en Guelendzhik, que ocasionó la muerte de siete personas, incluidos cuatro niños. Otro ataque en Kirílovka cobró la vida de 12 personas, también con la presencia de menores entre las víctimas.
En cuanto a los ataques a refinerías rusas, los drones de Ucrania lograron impactar varias instalaciones a lo largo de su campaña, causando problemas temporales de abastecimiento y largas colas en las estaciones de servicio. Vladimir Putin, presidente de Rusia, afirmó que estos ataques no habían tenido un impacto real en la situación en el frente y que no contribuirían a negociaciones favorables para Ucrania. Por su parte, el viceprimer ministro ruso, Aleksandr Nóvak, indicó que el mercado de combustibles estaba comenzando a estabilizarse.
Como respuesta a la ofensiva ucraniana, Rusia intensificó su campaña de bombardeos, enfocándose en puertos, instalaciones logísticas y barcos involucrados en el suministro de armas a Ucrania. Se reportó que más de 80 buques fueron alcanzados, afectando gravemente a los puertos ucranianos y limitando la entrada de embarcaciones extranjeras, lo que ha afectado el comercio marítimo en la región.
Al término de la campaña de Zelenski, se observó que Rusia había recuperado el control de áreas estratégicas como Konstantínovka, que había sido un importante bastión defensivo ucraniano. A pesar de los esfuerzos de Zelenski, el análisis del portal ucraniano Strana señala que no hay evidencia de que Moscú haya cambiado su postura en el conflicto. Además, Ucrania no logró obtener nuevos misiles Patriot de Estados Unidos y no se registraron avances significativos en el frente de batalla.
Finalmente, Miróshnik subrayó que la estrategia de Zelenski demostró una inclinación a recurrir exclusivamente a la fuerza militar, rechazando la posibilidad de una resolución pacífica del conflicto.