El oscuro horizonte del regreso del MAS en Bolivia
Analistas advierten que errores de la oposición podrían facilitar el retorno del partido oficialista antes de lo previsto, lo que generaría serias preocupaciones sobre el futuro del país.

Rodrigo Paz y las fuerzas opositoras tradicionales parecen estar forjando, de manera contradictoria, el camino para un posible regreso del Movimiento al Socialismo (MAS), incluso antes de las elecciones programadas para 2030. No se descarta que el actual Gobierno no logre completar su mandato, lo que podría anticipar este retorno.
La acumulación de errores políticos, ineficacia y graves acusaciones de corrupción durante los primeros meses de gestión del actual Gobierno podrían llevar a un desenlace anticipado. Esta posibilidad de un retorno del masismo genera inquietud, no porque se presente como una alternativa renovadora, sino porque significaría el regreso de un proyecto que, en dos décadas, deterioró gravemente las instituciones, la ética y la moral del país.
Históricamente, el ascenso del MAS no se debió solamente a sus propios méritos. Este partido llegó al poder gracias a las condiciones que facilitaron los partidos y líderes tradicionales. Evo Morales, en este contexto, se erige como un producto de estos mismos actores políticos, quienes, al desgastarse, abrieron la puerta a su victoria en 2005. La corrupción y la desconexión entre la política y la sociedad civil otorgaron legitimidad al discurso del cambio que propugnaba el MAS.
Con el paso del tiempo, algunas de estas fuerzas políticas, recicladas con nuevos nombres pero con los mismos líderes, han recuperado protagonismo en varios espacios de poder. Esto las convierte en corresponsables del fenómeno político que dicen combatir con fervor.
A lo largo de los veinte años del régimen del MAS, la oposición tradicional nunca logró formar una alternativa moderna y efectiva. En la Asamblea Constituyente, fueron incapaces de presentar un proyecto alternativo que realmente cuestionara el nuevo texto constitucional. Las elecciones de 2009 y 2014 evidenciaron su división que facilitó la obtención de los dos tercios en la Asamblea Legislativa por parte del MAS, lo que no solo fue resultado de la fortaleza oficialista, sino también de la debilidad de aquellos que debían equilibrar el poder.
En 2019, el rechazo al fraude electoral llevó a la caída de Evo Morales, gracias a la movilización ciudadana, no a la acción de los partidos tradicionales. Sin embargo, el gobierno transitorio de Jeanine Áñez no supo aprovechar esa oportunidad histórica, acumulando a su vez denuncias de corrupción y abuso de poder.
El retorno del MAS al poder en 2020, con Luis Arce, se dio en un contexto muy diferente, marcado por el agotamiento del modelo económico y crecientes disputas internas. La llegada de Rodrigo Paz en 2025 generó expectativas de cambio, pero en solo nueve meses, la situación se ha deteriorado con denuncias de corrupción y decisiones poco acertadas que han mermado la confianza de la ciudadanía.
La historia política nos enseña que cuando quienes llegan al poder prometiendo un cambio terminan reproduciendo viejas prácticas, los ciudadanos tienden a considerar que todos los gobiernos son iguales, lo que favorece el resurgimiento de propuestas populistas. Rodrigo Paz, a diferencia de Áñez, tenía la responsabilidad histórica de cerrar el capítulo del MAS, pero al repetir errores del pasado, parece reactivar su presencia.
La experiencia boliviana muestra que el fracaso de las fuerzas democráticas en construir gobiernos eficaces y honestos puede llevar al renacer de aquellos a quienes antes se había rechazado. Si Paz y la oposición no aprenden de esta lección histórica, podrían convertirse nuevamente en los arquitectos del retorno del MAS, un desenlace que sería no solo trágico, sino aterrador.