La necesidad de replantear la matriz energética en Bolivia
La evolución del sistema energético en Bolivia ha estado marcada por el uso del gas natural, un recurso que ha sido el motor del crecimiento económico del país durante más de dos décadas. Sin embargo, la disminución de las reservas de gas obliga a repensar la estructura energética nacional y su futuro en un contexto […]

La evolución del sistema energético en Bolivia ha estado marcada por el uso del gas natural, un recurso que ha sido el motor del crecimiento económico del país durante más de dos décadas. Sin embargo, la disminución de las reservas de gas obliga a repensar la estructura energética nacional y su futuro en un contexto de cambio.
En la actualidad, la matriz eléctrica del país revela que de diez focos encendidos en un hogar promedio, siete dependen de electricidad generada a partir de gas natural, mientras que solo tres son alimentados por energías renovables como el agua, el viento, el sol o la biomasa. Esta dependencia de una sola fuente de energía podría convertirse en un factor determinante en la toma de decisiones económicas en los próximos años.
Las proyecciones indican que hacia el año 2028, la producción nacional de gas será insuficiente para satisfacer la demanda interna. Esto presenta a Bolivia con un dilema inédito: optar entre utilizar el gas para el mercado interno o continuar con su exportación. Según el presidente de la Cámara Boliviana de Electricidad, Ángel Zannier, el país no se enfrenta a una crisis de electricidad, sino a una crisis de hidrocarburos, dado que la electricidad aún llega a los hogares, pero el combustible que la genera está en declive.
El físico y analista energético Francesco Zaratti argumenta que Bolivia debe fortalecer su sistema eléctrico diversificando sus fuentes de energía. A pesar de que el gas ha sido el preferido por su bajo costo, esta situación ha relegado a las energías renovables, que cuentan con un enorme potencial en el país. Un estudio de la Universidad de Harvard coloca a Bolivia entre los países con mayor capacidad hidroeléctrica del mundo, lo que sugiere que la transición a fuentes renovables es no solo posible, sino necesaria.
Diversas estrategias, como el desarrollo de proyectos hidroeléctricos de distintas escalas, podrían facilitar esta transición, sin la necesidad de construir grandes represas. Existen ejemplos, como el complejo de Zongo, que demuestran que es posible incrementar la generación eléctrica de manera gradual y con inversiones más accesibles.
Un estudio adicional concluye que Bolivia tiene el potencial de satisfacer su demanda eléctrica futura únicamente con energía hidroeléctrica, siempre que se desarrolle la infraestructura adecuada. La clave está en cómo se gestionen los proyectos y se creen condiciones que permitan al sector privado contribuir al crecimiento del sistema eléctrico.
Finalmente, la reflexión sobre el futuro energético de Bolivia nos lleva a cuestionar cómo se garantizará la energía necesaria para el desarrollo económico en los próximos años. Con una matriz energética diversa y fuerte, es posible asegurar que la luz de nuestros hogares siga encendida en las décadas venideras.