Un recorrido por la centenaria relación entre Bolivia y el Vaticano
Desde la llegada del nuncio Gaetano Cicognani hasta los pontífices de la actualidad, las interacciones entre la Iglesia y el Estado boliviano han marcado hitos significativos en la historia nacional.

El año 1925 representó un momento crucial en la historia de Bolivia, ya que coincidió con el Primer Centenario de la República y la llegada del nuncio Gaetano Cicognani. Su misión se enfocó en establecer relaciones diplomáticas sólidas, reorganizar la estructura eclesiástica y fomentar un sentido de identidad nacional a través de la figura de la Virgen de Copacabana.
La coronación de la Virgen de Copacabana como Patrona de Bolivia el 1 de agosto de 1925 simbolizó un acto de reconciliación, donde el presidente Saavedra y el nuncio Cicognani se unieron en oración, superando años de conflictos entre la Iglesia y el Estado. Este evento marcó el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre ambos actores, con Cicognani ocupando un lugar privilegiado en la diplomacia que perdura hasta la actualidad.
En 1932, el nuncio Luigi Centoz llegó al país, en un contexto marcado por la Guerra del Chaco (1932-1935). Centoz, junto a su par en Paraguay, monseñor Filippo Cortesi, se destacó por su labor humanitaria, defendiendo los derechos de los prisioneros y las misiones indígenas que sufrían en medio del conflicto bélico.
La relación entre el Vaticano y Bolivia también se vio empañada por las especulaciones sobre la colaboración de la Santa Sede en el traslado de nazis a Sudamérica después de la guerra. Sin embargo, el nuncio Giuseppe Burzio, quien ocupó el cargo entre 1946 y 1950, es conocido por su postura antinazi, lo que hace poco probable que se involucrara en tales actividades.
La Revolución Nacional (1952-1964) trajo consigo la firma de un acuerdo que sigue vigente: el Convenio sobre Misiones de 1957, establecido durante la administración de Hernán Siles Suazo. Este acuerdo fue complementado por la Constitución de 1961 y el Decreto Ley 6980 de 1964, que abolieron el antiguo sistema de Patronato.
El Concilio Vaticano II llevó a la Iglesia a asumir un rol más comprometido en lo social y político, que en Bolivia se tradujo en la reevangelización de la población rural y en la promoción de la educación y los medios de comunicación. Asimismo, es recordada la intervención del nuncio Alfio Rapisarda en defensa de la presidenta Lidia Gueiler tras el golpe de Estado de 1980.
A cien años de las tensiones con el Partido Liberal, las relaciones entre la Iglesia y el gobierno del Movimiento Al Socialismo también enfrentaron dificultades, pero el principio de "instituciones distintas, mas no separadas" logrado en la nueva Constitución de 2009 permitió un equilibrio favorable.
Las visitas de los papas Juan Pablo II en 1988 y Francisco en 2015 fortalecieron las relaciones bilaterales, aunque aún está pendiente la firma de un Acuerdo Marco que formalice estas interacciones. La celebración del sesquicentenario de las relaciones diplomáticas podría ser una oportunidad para avanzar en esta dirección.